Si participasteis en el concurso el año pasado, ¿qué aprendisteis?
El año pasado no participamos como concursantes: nuestro cofundador, Quique Berna, tuvo el honor de ser invitado como juez. Escrutar a la competencia desde el otro lado fue un acto revelador. Al evaluar el trabajo de los mejores preparadores, aprendimos a valorar de forma aún más profunda los acabados impecables y el sólido relato de cada proyecto. Ver tal diversidad de enfoques, todos ellos basados en motos Triumph, reafirmó nuestra filosofía: la verdadera perfección no solo reside en el aspecto, sino en una ejecución técnica impecable. Actuar como jueces nos hizo ser aún más críticos y exigentes con nuestro propio trabajo, y eso es algo que conservamos y que nos ha empujado a participar en el concurso este año, con el deseo de canalizar toda esa experiencia y exigencia en una moto propia.
¿Cómo es vuestro enfoque para fabricar una moto personalizada?
Lo que realmente nos diferencia es nuestro hincapié en la exclusividad y la especialización. Somos los únicos que trabajamos exclusivamente con Triumph, lo que nos ha dado una identidad de marca exclusiva y audaz. Nuestro enfoque es 100% especializado y está totalmente centrado en Triumph. Nosotros no “preparamos motos”: elaboramos 30 piezas de coleccionista exclusivas al año. Al centrarnos únicamente en la familia Modern Classics de Triumph, conocemos cada tornillo del derecho y del revés. Nuestro método combina la artesanía de la vieja escuela con un sistema de accesorios plug&play que hemos desarrollado para convertir cada moto en una obra de arte funcional. Nuestras motos no solo son atractivas: son modelos únicos, cada uno de ellos con un nombre y un número de serie propios que certifican que son una pieza verdaderamente única.
¿Cuál es la fuente de inspiración e influencia de vuestro enfoque del diseño y la artesanía?
Nuestra mayor fuente de inspiración es la combinación del legado británico clásico y el relajado estilo de vida mediterráneo del que disfrutamos aquí en Alicante (España). Nos atraen las motos de los años 50, 60 y 70, pero también la alta costura, el diseño industrial de lujo y el arte. Queremos que la moto parezca sacada de una cápsula del tiempo, pero que cuente con la tecnología y la artesanía de vanguardia de nuestros días.
¿Cuál fue vuestra primera reacción cuando visteis la temática de “Cápsula del tiempo” en el briefing?
Fue increíble. Para nosotros, Tamarit es el perfecto ejemplo de “cápsula del tiempo”. La gama neoclásica de Triumph es atemporal, no importa si es la Bonneville de Steve McQueen o la de David Beckham. Llamarla “cápsula del tiempo” es realmente acertado, porque estas motos perduran durante décadas, como si su esencia se congelara y despertara años después. Eso no es lo habitual entre las marcas de moto; la mayoría pierden su identidad cuando se expanden. Las Triumph Modern Classics son una cápsula del tiempo, como lo es una moto Tamarit.
¿Cuáles son las ideas clave tras la Scrambler custom que presentáis a este concurso?
El concepto principal es la dualidad entre el pasado y el presente, entre un motorista veterano y uno joven, y cómo el legado que transmitimos permanece inalterable y es eterno. La idea es ver dos motos dentro de una: de diferentes épocas, con diferentes perspectivas, pero unidas en un mismo modelo. Nos inspiramos mucho en la década de 1980, aunque con una buena dosis de los años 60, una época en la que se vivieron momentos decisivos de la historia, el amanecer de la verdadera libertad.
¿Cuál es tu fase favorita del proceso de elaboración, y por qué?
Sin duda, es la presentación. La fase de diseño es pura magia: es cuando las ideas abstractas y los sueños de un cliente comienzan a tomar forma como un boceto único. Pero no hay nada como el momento de la entrega: ver la cara del propietario iluminada cuando ve por primera vez su “joya” acabada es lo que hace que todas esas horas de trabajo valgan la pena. Ese es el momento en el que la moto deja de ser solo un proyecto y cobra vida. Los clientes nunca ven los pasos que hemos dado en el camino: solo ven un dibujo, y luego ven una moto acabada. Esa revelación... lo es todo. Hacemos que sea muy especial para ellos entregándoles las motos en persona: incluso hemos viajado a Wisconsin (EE.UU.) para entregar las llaves en persona al propietario.
Si tuvierais que resumir vuestro estilo en tres palabras, ¿cuáles serían?
Elegancia, exclusividad y legado. Nuestro objetivo es que cada moto sea verdaderamente sofisticada. No hay dos motos iguales, y todas ellas respetan siempre el ADN clásico de Triumph. Somos ajenos a las tendencias; nosotros fabricamos pensando en el largo plazo. Por ejemplo, una camiseta blanca ahora es atemporal, y lo seguirá siéndolo dentro de 20 años. Por ahí hay miles de motos Triumph personalizadas, y muchas de ellas ya no parecen una Triumph. A nosotros eso no nos interesa. Queremos realzar lo que ya existe. Al fin y al cabo, ¿qué sentido tiene aparentar ser alguien que no eres?